lunes, 1 de diciembre de 2014

La cúpula de los horrores




No sabía si escribir sobre esta serie.
No sabía si reconocer que he sido capaz de ver la primera... y, ¡la segunda temporada también!
Ni siquiera el utilizarla como serie para dormir supone una excusa razonable ante semejante bodrio, con la cantidad de buenas opciones que tenemos hoy en día.

Incluso no termino de entender qué hago ahora mismo dedicando parte de mi tiempo libre a escribir sobre ella. Quizás sea para prevenir al incauto. Quizás para liberarme de tan horrible secreto. O quizás esté actuando sin raciocinio ni lógica alguna. Todo lo malo se pega.

De hecho, no sé muy bien cómo enfocar esta entrada para que quede algo más cercano a una crítica que a un simple y vulgar insulto.

He de reconocer que empecé a verla una vez iba ya por la segunda temporada, pues antes no me había enterado de su existencia. Llevaba un tiempo queriendo leerme la novela y, dado que últimamente no me dedico mucho a la lectura, pues no pude resistirme a empezarla y darle una oportunidad.

La historia, como suele pasar con los libros de Stephen King, es original. 
Un pueblo de esos típicos de sus novelas, rural, de la América profunda, que de pronto queda aislado del resto del mundo, envuelto por una cúpula transparente...
¡Y vaya cúpula! Nada puede atravesarla, alzándose amenazante sobre todos los habitantes y gente de paso que se encontraban en esos momentos en el pueblo.


¿Quién la ha provocado?, ¿será un ataque terrorista?, ¿podrá el oxígeno pasar a su través o están condenados a morir ahogados?

Estas y muchas otras son las preguntas que se te pasan por la cabeza, poniéndote en el lugar de los pobres diablos que se han visto afectados.  Y piensas, iluso tú, que tiene que ser buena, que esta historia da para mucho, que puede haber acción, crítica social, análisis del comportamiento humano, amor...

Y aunque suene pretencioso, eso es lo que la serie pretende. Tiene medios, aporte económico, y se palpa ese deseo de hacer algo superior y distinto a lo hecho hasta ahora. Se nota, quieren que se note, que el espectador lo perciba y crea estar ante algo irrepetible.
Y es penoso ver cómo fracasan en el intento. Y no por una sola razón, que es lo más triste. Son tantas que no sé ni por dónde empezar... ni pienso nombrarlas todas, que tampoco es plan.

Lo primero. ¡Basta ya de actores mediocres!

Siento decirlo así, pero es que es demasiado. Ni el mejor de los guiones puede salvarse con semejantes actuaciones.  

Quizás el sheriff se salve (¡pasar de Breaking Bad a esta tomadura de pelo!), pero al resto no hay por dónde cogerlo. Es mirar a alguno y no saber si está contento o triste, o enfadado, o si ese llanto es en el fondo una risa descojonante llena de lágrimas de felicidad, o si la cara de asombro quiere transmitir eso o es que se le olvidó cambiarla tras la anterior escena. Gesticulaciones exageradas, o ausencias de ellas, o que no se corresponden con lo que está hablando. Ojos sin sentimientos o lágrimas de cocodrilo.

Y así puede uno seguir todo el día, enumerando las magníficas dotes de estos actores. Pero  bueno,voy a intentar dejarlo aquí, que hay más cosas de las que hablar.

Lo segundo. ¿Por qué estoy yo más agobiado que los propios personajes?

Vamos a ponernos por un momento en situación e imaginemos que esto sucediera en la realidad. No hay que ser muy listo para imaginarse que nerviosismo, agobio, locura colectiva y desesperación cundiría entre la población. Se darían soluciones y demás, pero esa presión emocional pesaría mucho, muchísimo, e impregnaría todas las decisiones que se tomasen.

Sin embargo, esta serie en ningún momento transmite ese desasosiego, ese continuo agobio. Nada de lo que ves te da la sensación de que pudiera ser real. Y ni siquiera preguntas básicas como las que nos hicimos antes, parecen pasar ni por un momento por sus cabezas.

Lo tercero. ¿Quién actuaría de esa manera?

Es un poco como lo anterior pero no es lo mismo. Y siento volver a ser tan tajante, pero es que es horrible ver una película, serie, teatro o leer un libro en el que las reacciones de sus protagonistas nunca te parezcan reales, lógicas. Todo cuanto hacen está fuera de lugar. Nadie se comportaría ante las diferentes situaciones que se van sucediendo como ellos se comportan una y otra vez. 
Porque no. Porque es que me dan ganas de soltar spoiler tras spoiler para que os hagáis una idea de lo que hablo. En serio, ridículo no, lo siguiente.

Y por último. No engancha.

Es aburrida. Muy aburrida. Lo cual tiene delito partiendo, como parte, de una idea tan original. Seguramente esto sea una consecuencia de todo lo dicho anteriormente, y de otras cosas de las que tampoco vamos a hablar para no estar aquí hasta mañana, pero aún así, es sorprendente lo poco intrigante que es el resultado final.

Yo he llegado a ver algún capítulo en tres y hasta cuatro tandas. Así de triste.

Y podéis preguntaros entonces, cómo es que llegué hasta la segunda temporada siendo tan horrible.
Y yo os contestaría que no tengo ni idea. Tal cual. No lo sé. Supongo que cumplía su cometido de ayudarme a dormir cada noche. O quizás pensaba que podría remontar el vuelo en algún momento...

... pero claro, ¿cómo consigues que tus actores aprendan a actuar o tus guionistas a escribir?


The Captain

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