Como ya sabréis, The Americans es una serie de espías, ambientada en la década de los años 80, situándonos en el seno de un matrimonio formado por Philip y Elizabeth Jennings.
Pero Philip y Elizabeth Jennings no son dos ciudadanos americanos cualesquiera, sino agentes rusos infiltrados en Washington DC desde hace 15 años. Como fruto de este "matrimonio de conveniencia" tienen dos hijos, un niño y una niña, nacidos en Estados Unidos.
De primeras puede parecer algo inverosímil. Dos camaradas rusos, formados durante años para eliminar todo rastro de acento o comportamiento que les pueda delatar, haciendo vida de forma prolongada en Estados Unidos, con identidades que les acreditan como ciudadanos americanos, nacidos allí, y que bajo el paraguas de una agencia de viajes legal se las apañan para llevar a cabo toda clase de misiones y robos para el misterioso "Directorio S".
Sin embargo, resulta creíble y, por supuesto, intrigante. Nace a la sombra de Homeland, con mucho menos bombo y fama, pero ni ritmo, ni personajes, ni la profundidad o el trasfondo son lo mismo. No se puede comparar la calidad de una y otra, y me refiero, por si cabe alguna duda, al nivel de la que nos ocupa respecto a la protagonizada por Carrie Mathison y Nicholas Brody.
En The Americans la familia importa y lo hace de verdad. Es transcendental para el devenir de los acontecimientos, la psicología de los protagonistas y, como no podría ser de otra forma, sus estados de ánimo. Protagonistas que han pasado media vida juntos, que tienen hijos y que, por lo tanto, no son meros compañeros de trabajo; que por otro lado fueron juntados por sus superiores, sin conocerse ni buscarse, sin una chispa que levantase pasiones, lo que hace que haya continuos sentimientos encontrados que amenazan con llevar al traste esta sociedad y su cometido. Y tampoco ayuda a la causa la tentación de entregarse al gobierno estadounidense y así vivir plácidamente para siempre, sin el peligro de perder a sus hijos.
En todo momento, es admirable cómo todo ese drama es compaginado con arriesgadas misiones y las sospechas de su vecino, que, casualidades de la vida, es agente del FBI y, más concretamente, del departamento antiterrorista. Agente, claro está, que posee esa vida que en ocasiones ansía el matrimonio Jennings, al menos Philip Jennings, el "sueño americano". Sin embargo, para él parece más un calvario y, ni la disfruta, ni parece querer retenerla.
Porque así es The Americans. Gris, ni blanco ni negro. Y es que, el sueño americano, ¿es realmente un buen sueño, o, por el contrario, sólo una pesadilla?, ¿son los soviéticos despiadados o no lo son más, ni menos, que los norteamericanos?, y es que... ¿quiénes son los buenos y quiénes los malos?
Y la familia. Quizás resulte que al final eso sea lo único importante. Ni naciones, ni patrias, ni un gobierno u otro.
The captain


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