Pónganle o llámenle como deseen. Ritmo, suspense, agilidad... lo mismo da para entender lo que quiero decir.
Ese deseo de innovar, de dejar impactado al telespectador a base de diálogos imposibles, giros inverosímiles y sucesos sorprendentes, que se enlazan a una velocidad de vértigo sin que apenas hayas conseguido asimilar la primera frase del primer diálogo.
Ya saben, que no puedes comentar ni un segundo algo con tu pareja, ni mirar un mensaje que te haya llegado al móvil, porque quizás eso haga que te pierdas en un laberinto de tramas planas, en las que un instante de desatención puede hacer que nunca más entiendas hacia dónde va.
Y que no, que eso no es genialidad, no señor. Que genialidad es generar suspense desde la pausa y las tramas bien desarrolladas, con cariño por cada personaje y su personalidad, generando un apego y una identificación, positiva o negativa, hacia lo que está ocurriendo.
Que puedas entender por qué todo transcurre como transcurre y se dirige hacia donde se dirige y no que de un momento a otro te encuentras con situaciones o desenlaces que ni sabes, ni te imaginas cómo se ha podido llegar a ellos. Haces memoria, intentas recordar si hubo algo que se te pasó, e incluso le das marcha atrás al reproductor. Y lo peor es que tampoco tienes tiempo para pensar en ello, pues corres el riesgo de perderte en el siguiente diálogo atropellado, que de nuevo vuelve a cambiar lo que aún estabas intentando asimilar.
Que en la vida, pocas son las veces en las que todo se soluciona en el último segundo, de manera sorprendente y cuando todo parecía perdido. No sé, quizás yo sea el especial, o quizás es porque no soy un agente de la CIA, un inspector de homicidios o un honorable guerrero, pero lo cierto es que, por mucho que piense e intente recordar, no hayo ese momento en el que un compañero me salvó de una reunión desastrosa cuando parecía que no había otra salida, ni un ingenioso y superdotado, a la vez que bellísim@, becari@ aparecía con la solución a todos mis problemas tres minutos antes de la entrega definitiva y fatal.
No sé, igual soy yo, quién sabe...
Y vale, que evidentemente, la series, series son y, al final, son esas situaciones las que dan vidilla. Y estoy de acuerdo, no estoy diciendo lo contrario. Qué sería de la increíble persecución de Chacal (la original, por supuesto,... o, mejor aún, el libro), por poner un ejemplo, si no existiese ese momento clave y mágico.
Eso está claro y es indiscutible. El problema viene cuando el guión se basa en una simple sucesión de situaciones de este tipo, una tras otra, sin descanso ni tiempo para reponerte del susto anterior. Cuando ya deja de sorprender, porque siempre es lo mismo. Cuando se hace simple y llanamente para esconder un guión de escasa calidad y unos guionistas incapaces de enganchar de verdad.
Se echa de menos sentarte tranquilamente al sofá y disfrutar relajadamente de una serie (o una película) y sentir cómo esa trama bien elaborada, con paciencia, te engulle y te transporta a una historia en la que todo transcurre con normalidad, sin estridencias ni prisas, aunque lo que te estén contando sea inverosímil, extraordinario u ordinario, claro. Y tremendamente adictivo, por supuesto.
La gran mayoría de las series pretenden sorprenderte en cada capítulo como si fuera el último, como si no hubiera un después. Bueno, mejor dicho, que lo hay, prometiendo imposibles tras un final apoteósico. Y no es eso. No hay nada que enganche más que una historia compleja, profunda, donde te identifiques con unos y odies a otros, y donde seguramente, su caso policial, legal o lo que sea, te da más o menos igual.
Y... ¿qué series son esas? Pues hay bastantes y, en general, son las míticas. Para mí, por ejemplo. Los Sopranos, Breaking Bad (quitando la última temporada), The Good Wife, Friday Night Lights, True detective, incluso The Shield o The Wire... ¡entre otras!
¿Ejemplos de los malos? Miles, o millones. Ya se sabe, hay pocas como las nombradas anteriormente y mucha mediocridad.
Si alguien piensa que me he olvidado de Perdidos, siento decir que jamás seré su defensor, excepto por agradecerle el impulso que significó en el modo de ver y producir series. No es exactamente lo que he estado explicando en este post. No es velocidad de vértigo para crear suspense a partir de un mal guión. Es aún peor, es un mal guión como resultado de querer crear algo excelso, es un quiero y no puedo, desarrollado por guionistas mediocres que se creen los herederos de John Steinbeck, o algo así.
Lo siento, pero capítulos y capítulos lentos, aburridos, mal interpretados y donde cualquier regla narrativa brilla por su ausencia, no los soluciona un oso polar que ni viene a cuento, ni mucho menos es un giro narrativo magistral.
Aunque, como se suele decir, quizás sea el Mundo Perdidos... esa nebulosa que da explicación a cualquier bazofia con tintes de secreto universal. Eso, o aquello de... tú no estás hecho para Perdidos. Será eso.
The Captain


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